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fuentes

Hacia la segunda mitad de los años ochenta, mi pintura había evolucionado de modo progresivo hacia el uso expresivo de dibujo y color, y empecé a sentir la figuración como un corsé que me impedía usarlos con total libertad. Buscaba entonces una pintura que, sin dejar de ser figurativa, fuera cercana a la gestualidad de los expresionistas abstractos. Los primeros intentos cristalizaron en cuadros que representaban objetos aislados o escenarios urbanos tratados con toda la libertad formal de la que era capaz, pero que no cumplían las expectativas acordes con mi objetivo, una pintura totalmente emancipada de la realidad, sin por ello desvincularse de ella hasta el punto de no encontrar nada reconocible. Fue la primera vez que me enfrenté de forma consciente a un problema plástico. Elegir la temática de las fuentes fue lo que me permitió cumplir mi objetivo. La naturaleza del agua como «forma abstracta» fácilmente reconocible en su representación, me ofrecía la posibilidad de convertir el lienzo en campo abierto para una experimentación en la que la materialidad del color y su articulación en la superficie marcaran las pautas del trabajo. La arquitectura de las fuentes y la estatuaria que las adorna, me permitía introducir subrepticiamente la figuración sin que ésta molestara a la autonomía de la materialidad de la pintura. La reducción de las figuras a líneas permite eludir la oposición figura-fondo quedando ambos integrados en un mismo plano pictórico; la representación de chorros, salpicaduras y reflejos facilita el uso libérrimo del dripping, del brochazo hecho gesto, del color en su autonomía expresiva, de la materia hecha textura. Las figuras quedan semi ocultas ante el protagonismo de los chorros de agua que se derraman como cascadas de color que atraviesan la superficie de los lienzos, pero las figuras no sólo salvan a la pintura de la total abstracción, son los elementos que organizan las composiciones imponiendo orden y sentido a lo que sin ellas parecería una urdimbre azarosa de colores. La serie de las fuentes es, además, un silencioso homenaje de reconocimiento a los maestros que me enseñaron a ver y entender la pintura; son muchos, pero entre ellos destaca, por hacerse explícita en la serie, la figura de Matisse, presente a través de los peces naranjas que aparecen en varios cuadros, así como en la resolución de algunas de las siluetas femeninas que forman parte de las fuentes.
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