Considerado como espejo del alma humana o como máscara para su ocultación, signo de identidad personal o representación de convenciones sociales, culturales e históricas ajenas al individuo, el retrato es uno de los temas más recurrentes en el arte de todos los tiempos. Además de sus funciones documentales y simbólicas, la gran heterogeneidad de los rasgos humanos y la versatilidad de sus expresiones, hace de la representación del rostro humano un campo privilegiado para indagar en las muchas posibilidades de su formalización y, dentro de este campo, explorar las relaciones entre abstracción y figuración. La enorme pregnancia de los rasgos fisonómicos hacen del retrato un motivo perfecto para examinar la tensión entre la autonomía de las formas plásticas y la legibilidad de las imágenes como representación de una realidad reconocible.
Las imágenes de estas series nacen de la articulación del trazo gestual, aparentemente azaroso, con la línea descriptiva cercana al naturalismo, son producto de la simbiosis entre mancha y dibujo, de la convivencia armónica entre la línea expresiva y la descriptiva; esto es, de la conjugación entre espontaneidad y cálculo, entre caos y orden. A menudo las caras quedan emboscadas entre una maraña de líneas, de pinceladas y texturas, pero el reconocimiento claro de los rasgos fisionómicos y los perfiles de las cabezas, impiden la abstracción; son los elementos figurativos los que estructuran las composiciones, los que ordenan el magma de trazos y color determinando que abstracción y figuración se articulen en una unidad indivisible.
Estos retratos pretenden aunar la ruptura innovadora y la continuidad de la tradición, el uso libérrimo del lenguaje plástico sin renunciar a la legibilidad de las imágenes apoyadas en códigos cercanos a la mímesis. Plantean el reto de resolver lo que sin duda parece un oxímoron: la fusión de informalismo y naturalismo, hacer compatibles la tensión que se deriva del uso autónomo de los elementos plásticos y la legibilidad sobre la que descansa la eficacia comunicativa de las imágenes. Constituyen un modo de negar la oposición entre figuración y abstracción poniendo el acento en la especificidad de su naturaleza material, idéntica en ambas. Los dípticos en los que quedan emparejados retratos y pinturas abstractas quieren resaltar su cercanía a partir de los elementos formales comunes.
Por último cabe señalar que, siendo el rostro humano escenario privilegiado en la manifestación de las pasiones, sentimientos y estados de ánimo -la cara es el espejo del alma, se dice-, la búsqueda de expresividad es otro elemento importante en la construcción de estas imágenes.
técnica mixta sobre papel – 90x165cm
técnica mixta sobre papel – 90x165cm
técnica mixta sobre papel – 90x190cm
técnica mixta sobre papel – 90x195cm