Esta serie es un ejercicio de exploración formal en el que se toma la palabra PINTURA como imagen, como «objeto» a representar. Pintura pintada es una tautología, una doble tautología, pues el título lo es en sí mismo al tiempo que se corresponde con lo representado. Pero, a diferencia de las tautologías de Kosuth, aquí la palabra escrita convertida en tema de estas pinturas, esto es, la transcripción gráfica de la voz pintura, es una simple excusa para urdir relaciones entre líneas y colores, el punto de partida para una experimentación de corte estrictamente pictórico. Se trata, precisamente, de mostrar que es una falacia la equivalencia entre el lenguaje visual y el discursivo.
La serie nace a partir de establecer unas condiciones fijas que deben cumplir todas las composiciones. En primer lugar el «tema» pictórico, que no es otro que la misma palabra PINTURA, siempre con la misma tipografía, auque a veces cambia de escala. Sobre este tema se hacen pequeñas variaciones con las que, sin embargo, se obtienen resultados de gran heterogeneidad visual. Incluso reduciendo los parámetros de cambio al mínimo -manteniendo el color simplificado a la terna blanco, azul y negro, y usando la misma escala y tipografía de las letras-, pequeñas permutas en la composición, o la simple inversión de relaciones entre figura y fondo, da lugar a una diversidad de resultados sorprendente. El número de obras de la serie podría seguir creciendo casi indefinidamente sin agotar todas las posibilidades que ofrecen los cambios operables sobre cada uno de los elementos que intervienen (color, textura, composición, valoración de la línea y la mancha, etc.)
De una parte Pintura pintada es un ejercicio de investigación formal a partir de un problema cuyo enunciado es: cómo conseguir composiciones distintas a partir de una misma imagen (la palabra PINTURA) introduciendo el menor número de variantes. Además, es una manifestación de protesta hacia un conceptualismo que repite clichés de forma acrítica y hace del antiformalismo argumento de su validez. Finalmente, es una reivindicación de la condición material de la pintura y de la vigencia de la investigación formal, siempre inagotable. ,/p>